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¿Qué ocurriría si los hombres fueran tan hipergámicos como las mujeres?

Ciència, relacions i rols socials

Vivimos en una sociedad que reivindica la igualdad entre hombres y mujeres. Una igualdad necesaria que ha transformado las relaciones sociales, laborales y familiares.

Sin embargo, existe un terreno donde algunas costumbres tradicionales parecen resistirse al cambio: las relaciones sentimentales y la seducción.

Y aquí surge una pregunta que puede resultar incómoda:

¿Qué ocurriría si los hombres desarrollaran la misma tendencia a la hipergamia que tradicionalmente se ha atribuido a las mujeres?

Pero vayamos más allá.

¿Qué pasaría si los hombres dejaran de tomar habitualmente la iniciativa para conocer a una mujer? ¿Si esperaran a que fueran ellas quienes se acercaran, propusieran una cita o intentaran seducirlos?

¿Seguiríamos formando parejas de la misma manera?

La hipergamia: cuando buscamos a alguien por encima de nosotros

La hipergamia es un concepto utilizado en sociología para describir la tendencia a formar pareja con alguien de una posición social, económica o educativa superior.

Históricamente se ha asociado más a las mujeres, aunque esto no significa que todas actúen así ni que los hombres no puedan tener esas mismas preferencias.

Durante siglos, las diferencias económicas y sociales entre hombres y mujeres condicionaron las posibilidades de elección de pareja.

Pero las circunstancias han cambiado.

Hoy las mujeres pueden desarrollar carreras profesionales, alcanzar independencia económica y ocupar posiciones de poder.

Por tanto, cabe preguntarse si los antiguos criterios de elección sentimental están evolucionando al mismo ritmo que la sociedad.

Imaginemos ahora que los hombres empiezan a buscar sistemáticamente mujeres con más dinero, mayor formación, mejor posición social o mayor prestigio.

Y que las mujeres, al mismo tiempo, mantienen esas mismas exigencias.

Aparece una paradoja.

Si todo el mundo busca una pareja situada por encima de su propia posición, ¿quién termina emparejándose con quién?

No todas las personas pueden ascender simultáneamente en una misma jerarquía mediante el emparejamiento.

Naturalmente, el amor no funciona únicamente a través del dinero o del estatus. Existen la atracción, los sentimientos, la personalidad, la inteligencia y muchos otros factores.

Pero el experimento mental sirve para plantear una cuestión más profunda: ¿hasta qué punto buscamos una persona y hasta qué punto buscamos mejorar nuestra posición mediante esa persona?

Del derecho de conquista a la conquista sentimental

Existe una expresión histórica especialmente interesante: el derecho de conquista.

Durante siglos, determinados Estados justificaron la adquisición de territorios mediante la fuerza militar.

En el derecho internacional contemporáneo, la conquista por la fuerza ya no constituye un título legítimo para adquirir territorio.

Pero resulta curioso que la palabra conquista siga formando parte del lenguaje sentimental.

Decimos que un hombre intenta conquistar a una mujer.

Que debe esforzarse para conseguir su atención.

Que tiene que seducirla.

Que debe dar el primer paso.

Incluso utilizamos expresiones como «ganarse su corazón».

Evidentemente, conquistar un territorio mediante la fuerza y conquistar sentimentalmente a una persona son cosas completamente diferentes.

La primera supone imposición. La segunda, cuando existe respeto, consiste en expresar interés y despertar una atracción que debe ser libre y recíproca.

Nadie tiene derecho a poseer sentimentalmente a otra persona.

Sin embargo, la comparación permite formular una pregunta:

Si hemos abandonado la idea de que conquistar otorga derechos sobre algo o alguien, ¿no deberíamos revisar también algunos de los papeles tradicionales que asignamos a hombres y mujeres durante la seducción?

No se trata de prohibir que alguien intente conquistar sentimentalmente a otra persona.

Se trata de preguntarse por qué, en determinadas relaciones heterosexuales, todavía se espera que sea principalmente el hombre quien lo haga.

La igualdad también debería aplicarse a la iniciativa

Durante generaciones, el modelo tradicional de seducción asignaba funciones diferentes.

El hombre debía acercarse, iniciar la conversación, proponer encuentros y exponerse al rechazo.

La mujer, en cambio, ocupaba frecuentemente una posición más receptiva, aceptando o rechazando las propuestas.

Hoy sabemos que estas conductas no son universales. Existen mujeres que toman la iniciativa y hombres que prefieren esperar.

Sin embargo, determinados patrones tradicionales continúan presentes.

Una investigación publicada en 2023 sobre las relaciones iniciadas mediante Tinder encontró que, entre los participantes estudiados, los hombres tendían a tomar la iniciativa durante el proceso de cortejo y las mujeres adoptaban con mayor frecuencia una función de selección.

Esto demuestra que los cambios tecnológicos no eliminan necesariamente los antiguos comportamientos sociales.

Aquí aparece una posible contradicción.

Si defendemos la igualdad entre hombres y mujeres, ¿por qué deberíamos considerar normal que una de las partes soporte habitualmente la responsabilidad de iniciar una relación?

La igualdad de derechos no significa que todas las personas deban comportarse exactamente igual.

Pero sí invita a cuestionar las expectativas impuestas exclusivamente por razón del sexo.

Si una mujer está interesada en un hombre, ¿por qué debería esperar a que él se acerque?

¿Por qué no puede proponer una cita?

¿Por qué no puede expresar directamente su atracción?

Y, del mismo modo, ¿por qué un hombre tendría que sentirse obligado a perseguir sentimentalmente a alguien para demostrar su masculinidad?

Quizá una igualdad más completa no consista solamente en compartir derechos y responsabilidades legales, sino también en liberar a ambos sexos de determinadas obligaciones sociales heredadas.

¿Qué ocurriría si los hombres dejaran de conquistar?

Imaginemos un experimento social.

Durante un año, los hombres dejan de asumir sistemáticamente la iniciativa sentimental.

No desaparece su interés por las mujeres.

No renuncian al amor ni a las relaciones sexuales.

Simplemente dejan de considerar que acercarse primero es una responsabilidad masculina.

Esperan que la iniciativa pueda surgir indistintamente de cualquiera de las dos partes.

¿Qué sucedería?

Podrían producirse varias situaciones.

Algunas mujeres comenzarían a tomar la iniciativa con mayor frecuencia.

Otras podrían continuar esperando que fueran los hombres quienes se acercaran.

Y algunas relaciones que antes habrían comenzado quizá nunca llegarían a producirse.

Es posible que apareciera inicialmente cierta dificultad de adaptación.

Pero también podría surgir un modelo de relaciones menos condicionado por las expectativas tradicionales.

La seducción dejaría de interpretarse como una obligación masculina y pasaría a ser una posibilidad compartida.

No sería necesario que todo el mundo tomara la iniciativa en la misma proporción.

Bastaría con que nadie estuviera obligado a hacerlo por el hecho de ser hombre o mujer.

La contradicción entre hipergamia e igualdad

Volvamos a nuestra pregunta inicial.

¿Qué ocurriría si los hombres fueran tan hipergámicos como las mujeres?

La primera consecuencia podría ser una transformación de las expectativas de pareja.

Si tanto hombres como mujeres buscaran sistemáticamente personas con mayores ingresos, estatus o prestigio, aumentaría la competencia por determinados perfiles.

Si esas exigencias fueran absolutas, muchas relaciones resultarían imposibles.

Pero también podría producirse algo diferente.

Quizá las personas comenzarían a valorar más la compatibilidad, el afecto, la cooperación y la reciprocidad.

Porque una pareja no debería funcionar como una competición en la que cada uno intenta obtener una posición superior a costa del otro.

El objetivo podría ser construir conjuntamente una situación mejor que la que ambas personas tenían por separado.

Y aquí aparece otra pregunta:

¿Es realmente igualitaria una relación en la que uno debe demostrar constantemente su valor mientras el otro se limita a evaluar si resulta suficiente?

Naturalmente, cualquier persona tiene derecho a elegir con quién quiere relacionarse.

Nadie está obligado a corresponder al interés de otra persona.

Pero la libertad de elección y la reciprocidad no son incompatibles.

Una sociedad puede reconocer el derecho de todos a escoger pareja y, al mismo tiempo, cuestionar las expectativas que atribuyen únicamente a un sexo la obligación de esforzarse por iniciar las relaciones.

Del derecho de conquista al derecho de reciprocidad

Quizá el verdadero cambio cultural no consista en sustituir una forma de conquista por otra.

Ni en que los hombres adopten las conductas que tradicionalmente se han atribuido a las mujeres.

Ni en que las mujeres deban comportarse como tradicionalmente se ha esperado de los hombres.

La transformación podría ser más sencilla.

Abandonar la idea de que una persona debe conquistar y la otra debe dejarse conquistar.

Entender la seducción como un encuentro entre dos individuos libres.

Dos personas que pueden expresar interés, tomar la iniciativa, aceptar o rechazar propuestas y construir una relación sin papeles predeterminados.

Porque la igualdad no debería significar que todos seamos idénticos.

Debería significar que las mismas oportunidades y libertades estén disponibles para ambas partes.

Y que nadie tenga que demostrar constantemente su valor por pertenecer a un sexo determinado.

Una pregunta abierta

La sociedad ha cambiado profundamente sus leyes, su economía y sus estructuras familiares.

Pero quizá algunas de nuestras costumbres sentimentales siguen funcionando con reglas heredadas de otro tiempo.

Por eso propongo tres preguntas para reflexionar:

1. ¿Qué ocurriría si los hombres comenzaran a buscar sistemáticamente mujeres de mayor posición económica y social que ellos?

2. ¿Qué sucedería si los hombres dejaran de tomar habitualmente la iniciativa para seducir y esperaran a que también lo hicieran las mujeres?

3. ¿Podemos hablar de igualdad completa mientras sigamos atribuyendo obligaciones diferentes a hombres y mujeres en el inicio de las relaciones?

Tal vez la respuesta no sea eliminar la seducción, sino transformarla.

Pasar de la conquista unilateral al interés mutuo.

De la competición por el estatus a la cooperación.

Y de los papeles tradicionales a la libertad de elección.

Porque el amor no debería ser un territorio que conquistar, sino una relación que dos personas deciden construir.

Referencias

1. Derecho de conquista y derecho internacional

Diccionario panhispánico del español jurídico, Real Academia Española. Concepto de anexión y ausencia de reconocimiento jurídico de las adquisiciones territoriales mediante la fuerza.

https://dpej.rae.es/lema/anexión

2. Diferencias de género en los procesos de seducción

Estudio publicado en Profesional de la Información (2023), sobre diferencias de género en motivaciones, percepciones y experiencias de los usuarios de Tinder.

https://doi.org/10.3145/epi.2023.may.08

3. Roles de género e iniciativa en las relaciones

Barómetro Jóvenes y Género, Centro Reina Sofía sobre Adolescencia y Juventud. Investigación sobre actitudes, iniciativa y relaciones entre hombres y mujeres.

Artículo de reflexión social. Las hipótesis planteadas son experimentos mentales y no pretenden describir el comportamiento de todas las mujeres ni de todos los hombres.


¿Podrían los alimentos y medicamentos estar modificando nuestro comportamiento hormonal?

¿Estamos cambiando únicamente por la cultura o también por la química?

En el artículo anterior analizábamos cómo están cambiando las relaciones entre hombres y mujeres, la seducción y las expectativas tradicionales.

Pero surge una nueva pregunta:

¿Podrían determinados medicamentos, alimentos o sustancias ambientales estar modificando nuestras hormonas y nuestro comportamiento, reduciendo algunas diferencias entre hombres y mujeres?

Sabemos que existen sustancias capaces de alterar el sistema endocrino y medicamentos que pueden modificar las emociones, el deseo sexual y la respuesta del sistema nervioso.

La cuestión es si estos efectos individuales podrían tener consecuencias observables a escala social.

1. Sustancias y medicamentos que merece la pena investigar

Sustancia o medicamentoEfectos conocidosEvidencia científica
Antidepresivos ISRS (fluoxetina, sertralina, escitalopram)Pueden producir embotamiento emocional, disminución de la libido y apatía.Revisiones clínicas
Antipsicóticos (risperidona, paliperidona)Pueden elevar la prolactina y afectar a las hormonas sexuales y al deseo.Metaanálisis clínicos
Bisfenol A (BPA)Puede interferir en procesos endocrinos y presenta riesgos sanitarios identificados.Evaluaciones toxicológicas
FtalatosAlgunos presentan efectos perjudiciales sobre el sistema reproductor y hormonal.Estudios toxicológicos
Fitoestrógenos de la sojaInteractúan con receptores hormonales, pero los ensayos no muestran cambios significativos en testosterona o estrógenos masculinos.Metaanálisis clínicos
Determinados pesticidasAlgunos pueden interferir en la regulación hormonal.Estudios experimentales y epidemiológicos

Estos efectos no significan que las sustancias produzcan una feminización o masculinización generalizada.

Sin embargo, permiten plantear preguntas científicas sobre las consecuencias de exposiciones prolongadas y combinadas.

12 medicamentos con efectos hormonales documentados

NºMedicamentoHormona afectadaCambio hormonalMecanismo
1RisperidonaProlactina ↑; testosterona o estrógenos ↓ en algunos casosIndirectoBloquea receptores de dopamina, aumentando la prolactina, que puede inhibir el eje reproductivo.
2PaliperidonaProlactina ↑; hormonas sexuales ↓ en algunos casosIndirectoPuede producir hiperprolactinemia e hipogonadismo.
3AmisulpridaProlactina ↑IndirectoBloquea receptores dopaminérgicos D2.
4MetoclopramidaProlactina ↑IndirectoBloquea la inhibición dopaminérgica de la secreción de prolactina.
5DomperidonaProlactina ↑IndirectoAntagonismo dopaminérgico que estimula la liberación de prolactina.
6FinasteridaDihidrotestosterona (DHT) ↓Directo sobre el metabolismo hormonalInhibe la enzima 5-alfa-reductasa, que transforma testosterona en DHT.
7DutasteridaDHT ↓Directo sobre el metabolismo hormonalBloquea dos isoenzimas de la 5-alfa-reductasa.
8CiproteronaActividad androgénica ↓; testosterona ↓Directo e indirectoBloquea receptores androgénicos y puede reducir la producción de testosterona.
9LeuprorelinaTestosterona o estradiol ↓Directo sobre la regulación hormonalTras una estimulación inicial, inhibe la secreción de LH y FSH con administración continua.
10EspironolactonaAcción de andrógenos ↓Principalmente sobre receptoresTiene actividad antiandrogénica, aunque no siempre disminuye la testosterona en sangre.
11PrednisonaACTH ↓; cortisol endógeno ↓IndirectoLos glucocorticoides externos inhiben el eje hipotálamo-hipófisis-suprarrenal.
12Testosterona exógenaTestosterona administrada ↑; LH y FSH ↓Directo e indirectoAporta testosterona y puede suprimir la producción testicular y la espermatogénesis.

2. ¿Qué ha demostrado ya la ciencia?

Antidepresivos y emociones

Una revisión científica publicada en octubre de 2026 confirma que algunos pacientes tratados con antidepresivos experimentan una reducción de la intensidad emocional.

Esto puede afectar tanto a emociones desagradables como agradables. No siempre es posible separar el efecto del medicamento del de la enfermedad tratada.

Fuente: .

Antipsicóticos y hormonas

Un metaanálisis de 2025 examinó los efectos de 21 antipsicóticos sobre la prolactina.

Medicamentos como la risperidona y la paliperidona pueden aumentar esta hormona, con posibles consecuencias sobre la función sexual y reproductiva.

Fuente: .

Alimentación y hormonas

Un metaanálisis de 38 estudios clínicos, publicado en 2021, no encontró efectos significativos de la soja y sus isoflavonas sobre los niveles de testosterona y estrógenos en hombres.

Este resultado es importante porque demuestra que no todas las sospechas sobre sustancias con actividad hormonal se confirman científicamente.

Fuente: .

3. Una hipótesis sobre la evolución del comportamiento

Podríamos investigar si la exposición prolongada a determinados medicamentos o contaminantes ambientales influye en variables como:

• La intensidad de las respuestas emocionales.

• La agresividad y la impulsividad.

• El deseo sexual y la motivación.

• Los niveles hormonales y la fertilidad.

• Las diferencias de comportamiento observadas entre hombres y mujeres.

Pero hay una distinción fundamental: modificar la respuesta emocional no equivale necesariamente a modificar la identidad sexual ni a reducir las diferencias biológicas entre sexos.

Tampoco existe evidencia científica suficiente para afirmar que la población esté experimentando una reeducación química generalizada.

4. La pregunta que deberíamos investigar

Si algunas sustancias pueden alterar las hormonas y determinados medicamentos pueden modificar las emociones, ¿podría la exposición continuada a estos compuestos contribuir a cambios de comportamiento a escala social?

Y, más concretamente:

¿Qué parte de la evolución del comportamiento masculino y femenino responde a transformaciones culturales y qué parte podría estar relacionada con factores hormonales, farmacológicos o ambientales?

Para responder sería necesario comparar poblaciones, medir exposiciones químicas, analizar niveles hormonales y estudiar comportamientos durante periodos prolongados.

No bastaría con encontrar coincidencias estadísticas: habría que demostrar relaciones causales.

Conclusión

La ciencia ha demostrado que determinados medicamentos pueden modificar las emociones y que algunas sustancias ambientales pueden interferir en el sistema hormonal.

Lo que todavía no ha demostrado es que estos fenómenos estén provocando una convergencia generalizada entre los comportamientos masculinos y femeninos.

La pregunta no es si estamos siendo químicamente transformados, sino cuánto conocemos realmente sobre los efectos de las sustancias que consumimos y a las que estamos expuestos.

Una cuestión que merece investigación, sin confundir las hipótesis con los hechos demostrados.

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